sábado, 31 de marzo de 2012

¡MIGUEL, CABRÓN, SALUDA A LA AFICIÓN!


El otro día me crucé por la calle con Miguel Brito, jugador del Valencia C.F. El futbolista estaba entrando en su coche de alta gama cunado yo, con la intención de darle ánimos en estos momentos difíciles que está pasando el equipo, me dirigí hacia él levantándole el dedo pulgar. No sé que significará este gesto en Portugal, país del que proviene el jugador, pero el tío me ignoró, arrancó su ‘pepino de coche’ y se fue. Yo me quedé boquiabierto, con cara de gilipollas. Me entraron ganas de darle un par de tortazos al jugador, pero no nos conviene ni a él ni a mí meternos en más líos. Además, a saber si en una hipotética reyerta con el futbolista, éste va y me saca un revólver (http://www.superdeporte.es/valencia/2011/02/01/piden-cinco-prision-miguel/118457.html).

La cuestión es que este pequeño suceso me ha inspirado para escribir este artículo. Desde luego, quién le iba a decir a Miguel que una aparición suya daría pie a algo productivo.

El futbol en España es un asunto de vital importancia, eso es algo incuestionable. Así como los emperadores romanos daban a los ciudadanos ‘pan y circo’ para evitar revueltas contra el poder, a nosotros se nos ofrece un mediático espectáculo deportivo para mantenernos distraídos como a tontos. Lo que pasa es que a nuestros políticos se les está olvidando eso de darnos el pan.

Me encanta el fútbol, veo varios partidos al mes y suelo ver el resumen de cada jornada una vez ésta ha terminado. También soy fiel seguidor de esas noctámbulas tertulias deportivas en las que se analiza al milímetro todo lo acontecido en cada partido. Me gusta el futbol, pero me gusta como lo que es, un mero espectáculo deportivo hecho por y para entretener. El problema llega cuando lo extrapolamos a otros terrenos como la política o la cultura.

No creo que sea conveniente hablar demasiado de futbol y política, a los payasos dejémoslos a cada uno en su circo. Sin embargo, si considero oportuna hacer una pequeña reflexión sobre el bagaje cultural que tienen los futbolistas y cómo nosotros, los aficionados, les definimos en base a eso.

Entiendo que mole enfrentar a los dos grandes equipos españoles en otros campos ajenos a los estadios, pero hacerlo es ridículo. Estoy harto de oír que este jugador es un tío muy inteligente, o que este otro es un tonto. O ¿porqué no hablar claro? Que los jugadores del Barça son unos señores y que los jugadores del Madrid son todos unos garrulos. A mí me entra la risa. Estamos poniéndole etiquetas a un colectivo de personas que por lo general todos se asemejan bastante.

Un futbolista es un chaval de entre 20 y 30 años, que se ha dedicado a darle patadas al balón desde que nació y que por ello cobra millones cada año. Un jugador profesional de futbol ha llegado a ser futbolista de primer nivel a base de sacrificio desde que era un enano. Por lo general, cualquiera de ellos ha dedicado y dedica muchísimo más tiempo al balón que al libro. Lo hicieron por alcanzar un sueño y lo han conseguido, debemos respetarlo y  no empeñarnos en calificarlos con adjetivos referentes a sus capacidades intelectuales, que además resultan indiferentes para estos jóvenes millonarios. De lo contrario pasa lo que pasa y Sergio Ramos queda como un joven sin luces y Pep Guardiola como un ejemplo a seguir por todos los niños, ¡Si son lo mismo! Ambos son gente que dedica todo su tiempo al futbol, algo que se les da de maravilla. Simplemente, uno es un poco más mayor y con los años ha aprendido a cuidar sus palabras y el otro es algo más impulsivo. Pero es que eso es ley de vida, las experiencias curten, ¿Acaso no lo saben?

La verdad es que me sabe mal descalificar al gremio de los futbolistas. Son gente muy disciplinada y encarnada en hacer bien su trabajo. La ética profesional de muchos jugadores si que son un bien extrapolable que puede servir de ejemplo para la sociedad –aunque tipos como mi amigo Miguel sean una excepción-. Insisto en que el problema es nuestro, queremos llevarlos a otros terrenos en los que, pobrecitos, están perdidos. Si no los metemos en un terreno de césped y con líneas blancas un jugador jamás se desenvolverá bien ni servirá de ejemplo para nada – Maradona es un grande porque ahí donde haya una raya blanca él es el mejor-.

Después de esto es posible que alguien me venga con varios ejemplos de jugadores con carreras universitarias y demás. Por eso quiero destacar que estoy hablando en términos muy generales y que tan solo pretendo romper una lanza a favor de un grupo de jóvenes muy trabajadores. Algo digno de admirar en este nuestro país.

jueves, 8 de marzo de 2012

Exageraciones y dramatismos variados


Estrenamos este blog para defender algo más necesario en este el mundo que el comer: El sentido del humor.

El pasado martes se celebraron en la UCH-CEU unas jornadas sobre periodismo en televisión. Los ponentes fueron Carolina Bueno y Vicent Sempere de Esports Nou; Josep Puchades, de Notícies Nou y, por último Maxim Huerta, del Programa de Ana Rosa.

La verdad es que estas jornadas fueron realmente provechosas para los estudiantes que asistimos. Las ponencias de cada uno de los invitados siguieron líneas muy distintas sobre diferentes campos de la televisión. Todas las charlas resultaron ser igual de interesantes. En conclusión, todo un éxito.

Sin duda el plato fuerte de estas jornadas era la ponencia de Maxim Huerta. El copresentador del Programa de Ana Rosa estuvo espléndido en cada una de sus palabras. Fue sin duda la ponencia con la que la gente más disfrutó. El periodista de Utiel conectó a la perfección con lo jóvenes. La opinión de un servidor es, simplemente, que lo bordó. Maxim está dotado de un don sublime que le lleva ser siempre el muerto en todos los entierros, y en este no iba a ser menos.

La única diferencia en esta ocasión ha sido que, efectivamente, muchos alumnos del CEU parece que lo quieran enterrar literalmente. Y es que la sorpresa llegó a la mañana siguiente, al comentar los hechos con mis compañeros y compañeras. Muchos coincidían en que Maxim se había excedido en sus palabras y que había utilizado un vocabulario fuera de tono y fuera de lugar.

Este hecho me dejó atónito. Los mismos individuos que 24 horas antes se partían la caja cada vez que Maxim pronunciaba la palabra “puta”,  ahora lo criticaban. ¿Acaso no éramos todos ya mayorcitos como para quedarnos con el fondo del discurso y no con la forma? Pues parece ser que no, muchos de mis compañeros lo único que sacaron en claro de las palabras del presentador de Telecinco fue que era “la más puta y vieja del lugar”.

Es cierto que el tono que usó Maxim fue demasiado cercano e inusual si lo comparamos con otros personajes que se suben a la tarima en cualquier universidad para dar una charla; pero ¿Y qué?

Supongo que el periodista tan solo pretendía hacer más ameno el discurso de su mensaje, en el que básicamente afirmaba que la televisión cada vez se encaminaba más buscar principalmente el entretenimiento del telespectador. También supongo que Maxim intentó transmitir su opinión precisamente así, entreteniendo a los espectadores. Sin lugar a dudas lo consiguió, una pena que los allí presentes hayamos sido tan lerdos de quedarnos con lo más irrelevante de la charla, nos quedamos con la anécdota. Esa historieta que cuenta que un día Maxim Huerta dijo “puta” en una universidad privada.

La anécdota debería ser que un experimentado periodista exalumno de dicha universidad dio una atrayente charla sobre el mundo de la televisión de hoy en día con un interesante mensaje de fondo, pero de una forma un tanto cómica y poco habitual- un poco, tampoco se crea la gente que hizo un monólogo-.
Lo dicho; hace falta más sentido del humor.