Hoy me he
despertado y me he dicho: “Lewis[1]
¿recuerdas que tienes un blog?”. El hecho de sumar este flash matutino a que esta tarde
trabajo como secretario en la consulta privada de mi padre solo podía dar un
resultado: Textito al canto. Además, me
apetece probar eso de escribir desde un psiquiátrico, que tal vez en unos años
hago lo propio pero ocupando una posición en el diván, quién sabe.
Estando a
mediados de agosto sé que a muchos de mis lectores os pillaré en el chiringuito
de la playa, así que mamá espero que te guste este escrito.
Me he dado
cuenta de una cosa, y es que ahora en vacaciones dejan de pasar cosas así con
cierta eventualidad, y si pasan como que no queremos enterarnos, como que nos
la suda un poco. Se la suda hasta a los telediarios, porque en las noticias se
deja de hablar de crisis, de riesgo y su prima o de Grecia para pasar a tratar
otros temas como que en Sevilla hace
calor y que en la manga hay una plaga de medusas. ¡Si señor cosas que molan!
Visto lo visto
no pretenderéis que ahora que me he sentado a escribir sea el único tonto aguafiestas
de España que se pone a dar palos a todo el mundo. ¡Venga hombre, que es
verano!
Los jóvenes
españoles en verano como que nos transformamos, dejamos de ser gente más o
menos que se está formando y tener así un buen currículo con el que fardar en
la cola del INEM para dejarse llevar y darlo todo por perdido.
La vida de
cualquier estudiante que se precie en verano debe consistir principalmente en 4
acciones: Dormir, comer, beber e intentar follar. Sí, digo intentar porque
muchos son los guerreros que van al campo de batalla pero pocos los que
consiguen clavar la espada en algún cuerpo despistado y desprotegido.
¿Y cuál es el
campo de batalla? La fiesta. A mí personalmente me gusta empezar la fiesta de
una misma forma: Cenando un Kebab. ¿Y porqué? Pues porque el Kebab es una
comida de las que repite, repite. Y como yo, que soy de buen comer, ya tengo
asumido que eso de ligar no es mi fuerte pues al menos cuando estoy en la
discoteca de turno me viene ese eructito denso con sabor a mi Kebab de pollo
que me recuerda que ahí debajo de mi casa hay un lugar en el que las pechugas
no me abandonarán nunca.
Hablando de
Kebabs y de sus lugares de producción, esos pequeños cuchitriles cuya higiene
es más que cuestionable así como el buen estado de sus alimentos. Visto lo
visto he llegado a una conclusión. He decidido no comprarme un Kebab si el
hombre que los prepara no tiene piernas, en ese caso sospecha de que eso que
hay ahí colgado al fuego sea ternera…
Aun así los
Kebabs nos encantan.- ¿Y porqué? -Por las salsas- ¿Y al hablar de salsas que me
viene a la cabeza? Mi abuela.-¿Y porqué? – Porque mi abuela jamás asumirá que
un pote de kétchup, mostaza, mayonesa, salsa agridulce, tabasco o cualquier
condimento se ha terminado de su pote y ella lo agitará, removerá hurgará en su
interior e incluso golpeará para sacarle hasta la última gota de su interior.
-Yaya, que ya no queda más.
- Ay mira que os gusta desaprovechar y tirar las
cosas, me gustaría haberos visto con esas manías en la guerra…
Y claro tú que
le has visto los mamporrazos que le ha dado al pote de Hellman’s ni te planteas
eso de discutirle algo.
Es que los
abuelos siempre tendrán la razón. Es como cuando estás en el salón con la
familia viendo la tele, que se yo, una de indios y vaqueros de Canal 9 y tu
abuelo, que suele estar situado en la mecedora del fondo, la más alejada de la
TV, de repente se tira un pedo ruidoso a más no poder. Un pedo cuya fuerza
debería medirse en la escala Richter. Pero claro, como el cabrón está como una
tapia y no lo ha oído se cree que los demás tampoco y el tío permanece en su
mecedora impasible e inalterable como si nada hubiera pasado. Además se extraña
porque el resto de la familia lo está fulminando con la mirada, y es que el
organismo de un abuelo no es que esté para tirar cohetes, con lo cual el hedor
a putrefacción que se produce ahí dentro puede ser extremo.
Por cierto,
seguro que habéis notado que el tema del tránsito intestinal de cada uno es el
tema de conversación favorito de nuestras abuelas junto con el clima. Creo que
una abuela es la persona que hablará con menos tapujos sobre como va o deja de
ir al baño y sin importarle quien pueda estar escuchando la conversación.
Nuestros abuelos solo se ven superados por José Coronado y Carmen Machi, obviamente.
En fin,
señores seguid disfrutando del verano, cuidad a vuestros mayores y salid mucho
de fiesta, que si no ligas siempre podrás mojar tu pan de pita en alguna salsa
de yogur.
[1] Lewis es el mote por el que se
me conoce aquí en Menorca, mi lugar de origen y donde paso mis vacaciones de
verano.