sábado, 18 de agosto de 2012

Delirios Veraniegos


Hoy me he despertado y me he dicho: “Lewis[1] ¿recuerdas que tienes un blog?”.  El hecho de sumar este flash matutino a que esta tarde trabajo como secretario en la consulta privada de mi padre solo podía dar un resultado: Textito al canto.  Además, me apetece probar eso de escribir desde un psiquiátrico, que tal vez en unos años hago lo propio pero ocupando una posición en el diván, quién sabe.

Estando a mediados de agosto sé que a muchos de mis lectores os pillaré en el chiringuito de la playa, así que mamá espero que te guste este escrito.

Me he dado cuenta de una cosa, y es que ahora en vacaciones dejan de pasar cosas así con cierta eventualidad, y si pasan como que no queremos enterarnos, como que nos la suda un poco. Se la suda hasta a los telediarios, porque en las noticias se deja de hablar de crisis, de riesgo y su prima o de Grecia para pasar a tratar otros temas como  que en Sevilla hace calor y que en la manga hay una plaga de medusas. ¡Si señor cosas que molan!

Visto lo visto no pretenderéis que ahora que me he sentado a escribir sea el único tonto aguafiestas de España que se pone a dar palos a todo el mundo. ¡Venga hombre, que es verano!

Los jóvenes españoles en verano como que nos transformamos, dejamos de ser gente más o menos que se está formando y tener así un buen currículo con el que fardar en la cola del INEM para dejarse llevar y darlo todo por perdido.

La vida de cualquier estudiante que se precie en verano debe consistir principalmente en 4 acciones: Dormir, comer, beber e intentar follar. Sí, digo intentar porque muchos son los guerreros que van al campo de batalla pero pocos los que consiguen clavar la espada en algún cuerpo despistado y desprotegido.

¿Y cuál es el campo de batalla? La fiesta. A mí personalmente me gusta empezar la fiesta de una misma forma: Cenando un Kebab. ¿Y porqué? Pues porque el Kebab es una comida de las que repite, repite. Y como yo, que soy de buen comer, ya tengo asumido que eso de ligar no es mi fuerte pues al menos cuando estoy en la discoteca de turno me viene ese eructito denso con sabor a mi Kebab de pollo que me recuerda que ahí debajo de mi casa hay un lugar en el que las pechugas no me abandonarán nunca.

Hablando de Kebabs y de sus lugares de producción, esos pequeños cuchitriles cuya higiene es más que cuestionable así como el buen estado de sus alimentos. Visto lo visto he llegado a una conclusión. He decidido no comprarme un Kebab si el hombre que los prepara no tiene piernas, en ese caso sospecha de que eso que hay ahí colgado al fuego sea ternera…

Aun así los Kebabs nos encantan.- ¿Y porqué? -Por las salsas- ¿Y al hablar de salsas que me viene a la cabeza? Mi abuela.-¿Y porqué? – Porque mi abuela jamás asumirá que un pote de kétchup, mostaza, mayonesa, salsa agridulce, tabasco o cualquier condimento se ha terminado de su pote y ella lo agitará, removerá hurgará en su interior e incluso golpeará para sacarle hasta la última gota de su interior.
             -Yaya, que ya no queda más.
- Ay mira que os gusta desaprovechar y tirar las cosas, me gustaría haberos visto con esas manías en la guerra…
Y claro tú que le has visto los mamporrazos que le ha dado al pote de Hellman’s ni te planteas eso de discutirle algo.

Es que los abuelos siempre tendrán la razón. Es como cuando estás en el salón con la familia viendo la tele, que se yo, una de indios y vaqueros de Canal 9 y tu abuelo, que suele estar situado en la mecedora del fondo, la más alejada de la TV, de repente se tira un pedo ruidoso a más no poder. Un pedo cuya fuerza debería medirse en la escala Richter. Pero claro, como el cabrón está como una tapia y no lo ha oído se cree que los demás tampoco y el tío permanece en su mecedora impasible e inalterable como si nada hubiera pasado. Además se extraña porque el resto de la familia lo está fulminando con la mirada, y es que el organismo de un abuelo no es que esté para tirar cohetes, con lo cual el hedor a putrefacción que se produce ahí dentro puede ser extremo.

Por cierto, seguro que habéis notado que el tema del tránsito intestinal de cada uno es el tema de conversación favorito de nuestras abuelas junto con el clima. Creo que una abuela es la persona que hablará con menos tapujos sobre como va o deja de ir al baño y sin importarle quien pueda estar escuchando la conversación. Nuestros abuelos solo se ven superados por José Coronado y  Carmen Machi, obviamente.

En fin, señores seguid disfrutando del verano, cuidad a vuestros mayores y salid mucho de fiesta, que si no ligas siempre podrás mojar tu pan de pita en alguna salsa de yogur.


[1] Lewis es el mote por el que se me conoce aquí en Menorca, mi lugar de origen y donde paso mis vacaciones de verano.