Hace mucho que no escribo nada para el Reflejo del Azulejo -algún día publicaré el porqué de este nombre-. El motivo por el que este blog está más obsoleto que la vagina de una monja es ese fenómeno con el cuál los estudiantes adoramos excusarnos y echarle la culpa de todos nuestros males: los exámenes. Nos encanta quejarnos por las redes sociales de lo ajetreados que estamos y de que nos falta tiempo hasta para suicidarnos. Por supuesto, nos quejamos tumbados en el sofá de casa mientras vemos Gran Hermano y whatsapeamos: "Jo tía no me sé nada, es q no tngo tiempo :(" al amigo o amiga de turno.
En fin, como no tengo tiempo de nada, por los exámenes obviamente, os voy a dejar aquí un ensayo sobre el popular programa Sálvame de Telecinco que escribí hace unos meses. Huelga decir que tratándose de este programa dedico este blog a mi tía y a mi abuela, fieles seguidoras.
Aquí os lo dejo, yo me voy a seguir estudiando ¡jo tía!...
A día de hoy el programa Sálvame de la cadena Telecinco es uno de los más conocidos productos que la televisión nos ofrece. Independientemente de que uno esté a favor o en contra de este programa se debe reconocer que su éxito es innegable y que es el máximo exponente de ese tipo de prensa conocida como prensa rosa o periodismo del corazón.
Paolo Vasile, director de la cadena, ha conseguido hacer de Sálvame el programa más visto de la programación de las tardes. Es preciso señalar que el éxito del Sálvame es tal que ha logrado extender su horario de emisión, de manera que los seguidores del programa dirigido por Jorge Javier Vázquez pueden disfrutar de una edición especial denominada Sálvame Deluxe la noche de los viernes, en la que se tratan los temas más destacados de la semana y que cuenta con invitados especiales, en la mayoría de casos protagonistas de estos entramados televisivos.
Calificamos los temas que se tratan en estos programas como entramados porque en muchos casos es lo que son, meros montajes en los que los protagonistas crean una especie argumento -como si de un obra teatral se tratara- para acto seguido poder pasearse por los platós de los programas de este mundillo contando las causas o consecuencias de su última historieta.
Estas historietas abarcan ámbitos muy distintos, desde infidelidades hasta nuevos noviazgos pasando por agresiones llegando incluso a resucitar a gente desaparecida; pregunten a Lydia Lozano.
Una vez estamos en situación de conocer el desarrollo de estos programas cualquier ser humano racional debería emular a Mourinho y hacerse la misma pregunta que el entrenador madridista ¿Por qué? ¿Por qué nos dejamos engañar por esta gente que forman parte de una red de presentadores, colaboradores y protagonistas televisivos de una serie de historietas con una veracidad más que cuestionable? ¿Por qué dedicamos nuestro tiempo a esta gente, permitiendo que se enriquezcan con la venta de su producto? ¿Por qué hacemos de estos programas los de mayor audiencia ensuciando de este modo el nombre de la televisión, el invento más revolucionario del siglo XX? ¿Por qué condescendemos a qué estos programas sean uno de los exponentes de la comunicación de masas de nuestros días?
Todas estas cuestiones tienen una sola respuesta, y para hallarla debemos remontarnos a 1960, cuando Ch. R. Wright hizo un análisis de las funciones y disfunciones de la comunicación de masas.
No hay lugar a duda de que Sálvame se trata de un programa cuyo consumo es masivo, pues en términos generales la mayoría de gente que ve frecuentemente la televisión conoce este programa y su contenido. Volviendo al estudio de Ch. R. Wright[i] es preciso señalar que el principal rasgo característico de su investigación era la adhesión del entretenimiento[ii] a las funciones de la comunicación de masas, anteriormente redactadas por Lasswell[iii].
Entretener al telespectador es lo que se pretende en programas como Sálvame. Entretenimiento y ocio son las piezas claves sobre las que gira todo el engranaje de este programa y ahí es donde encontramos el porqué de su exitosa emisión.
El ser humano es morboso por naturaleza; no hay más que ver cómo el fenómeno de la lucha libre mueve millares de personas en América, y en consecuencia millones de dólares. No hay que ser ninguna eminencia para concluir que la lucha libre no son más que dos hombretones musculosos en mallas repartiéndose puñetazos y patadas –en su mayoría golpes falsos- haciendo las delicias del público que aclaman apasionados para que el combate se decante del lado de su luchador favorito.
Bien pues después de describir brevemente otro fenómeno de masas como la lucha libre no hay más que establecer un simple símil entre la lucha libre y el programa Sálvame, puesto que al fin y al cabo la finalidad de ambos no es otra que entretener al ocioso público. Evidentemente, en esta comparación, el ring sería el plató de Sálvame, los luchadores serían los colaboradores de dicho programa – no es difícil imaginarse a Lydia Lozano y a Jorge Javier Vázquez en mallas, teniendo en cuenta que no sería la primera vez que los vemos en apariciones de lo más ridículas a la par que cómicas-, y al igual que en la lucha libre las hostilidades comenzarían cuando el hilo argumental de la trama confronta a unos y a otros.
Cabe añadir que en el caso de Sálvame el elemento que ejercería como juez de la contienda no sería otro que el famoso polígrafo o detector de mentiras que tantos grandes momentos televisivos nos ha regalado. Esta curiosa comparación no se hace con otro motivo que el de hacer comprender que todo lo que se ve de irracional e ilógico en Sálvame al fin y al cabo es lo que gusta a la gente y lo que ésta pide para entretenerse.
Ch. R Wright también añadía en su estudio que “el entretenimiento también produce algunos efectos disfuncionales: incrementar la pasividad y provocar una degradación de los valores estéticos".Esta consecuencia se ve día a día en nuestros hogares en los que parece que el drama de la supuesta separación de Belén Esteban de su actual pareja ocupa más atención que los centenares de conflictos bélicos que a día de hoy se desarrollan en el mundo. Es lamentable, pero cierto. Los productores de Sálvame conocen esta realidad, y con la emisión de sus programas cuajan día tras día un prototipo de telespectador cuyos valores morales se van degradando tan sólo porque le resulta entretenido y ocioso aquello que está viendo.
Así, se podría concluir este escrito ensayístico afirmando que la clave del irracional éxito de estos programas se basa en el entretenimiento del telespectador, extrapolando así las teorías de Ch. R. Wright sobre la comunicación de masas a nuestros días. Este es un hecho más que despreciable teniendo en cuenta que se puede dar un uso completamente distinto a una herramienta de difusión masiva como la televisión.
Por último y ya para terminar añadir que, por paradójico que quede, el joven estudiante que plasma estas palabras en papel es consumidor espontáneo tanto de programas del corazón como de la lucha libre. ¿Uno también tiene derecho al entretenimiento, no?
[i] MONTERO.,
“El paradigma funcionalista”, en La
información periodística y su influencia social, Labor, Barcelona, 1993,
pp. 23 y ss
[ii] “Esta
función consistía en que los medios proporcionaban ocio a las masas y ampliaban
el poder de algunos subgrupos sociales en la medida que aumentaba el control
sobre otras áreas de la vida”.
[iii] H.D.
Laswell concluyó que el proceso de comunicación en la sociedad cumplirá tres
funciones: “vigilancia del entorno, revelando amenazas y oportunidades que
afecten a la posición de valor de la comunidad; correlación de los componentes
de la sociedad en cuanto a dar una respuesta al entorno y, por último,
transmisión del legado social.