sábado, 4 de mayo de 2013

Comer por ‘la gorrilla’


Carreras por llegar el primero a un aparcamiento vacío, disputas por organizar una zona, esconderse de la policía… Este es el pan de cada día de los gorrillas y así es como se ganan la vida.

Un gorrilla puede ganar entre 20 y 25 euros al día en una jornada de trabajo


I.A se pide un café y saca de su bolsillo un puñado de monedas para pagarlo. Nos sentamos tranquilamente a hablar en el bar al que él suele ir ya que son las 11:00 de la mañana y  no hay mucho trabajo a esas horas. “Ahora la gente está trabajando, hay poco movimiento, suelo aprovechar este tiempo para descansar de haber estado tres horas de pie y sin parar”, cuenta mientras resopla quejándose del calor. Fue precisamente el clima levantino uno de los principales causantes de su llegada a España: “Me encanta el sol que hace aquí en Valencia, el  buen tiempo hace que la gente sea más alegre y sociable. En Ucrania hace muchísimo frío y la gente está deprimida”.
Sorprendentemente, I.A no deja de sonreír y se muestra muy alegre durante toda la conversación ¿Cómo puede un hombre de más de 40 años, hijo de un catedrático de la Universidad de Kiev y que es licenciado en Economía ser tan feliz y estar tan a gusto aparcando coches día tras día? La respuesta a esta pregunta  la da Concha Alberola, una vecina de la zona en la que I.A suele trabajar y que conoce muy bien al gorrilla: “Es una persona muy vitalista y que disfruta del momento así como de la tierra en la que viven”. Alberola estuvo dando clases de español a I.A y a su compañero I.K durante tres años y a día de hoy sigue ayudándoles en todo lo que necesitan. Al preguntarle a I.A por Doña Concha –así es como la llaman ambos- se le ilumina la cara y responde esbozando una sonrisa que Concha es “como una madre para mí”.
              Llega la tarde y me dispongo a acompañar a I.K, procedente de Rusia,  en su labor de aparcacoches. El joven siberiano se muestra con mucha predisposición a hablar y a contarme sus vivencias. Como la mayoría de “gorrillas” él también ha tenido problemas con la policía: “Estuve 48 horas en el calabozo, me quitaron el pasaporte y aun no me lo han devuelto. Lo más sorprendente fue cuando vi la multa, la infracción que había cometido era haber cruzado la calzada sin utilizar el paso de peatones” Explicaba el joven siberiano con cara de incredulidad.  Al parecer, al no haberle cazado en el momento preciso, la policía no podía multarle por aparcar coches.
“Puedo contarte más situaciones con la policía” continúa con muchas ganas de colaborar en el reportaje. Se notaba que I.K estaba a gusto con alguien escuchándole y pudiendo denunciar el trato de la policía.  “Un día me pararon y me preguntaron de dónde había sacado mi MP4, que si lo había robado. ¿Tengo mis ahorros sabes? Puedo comprarme un reproductor de música de segunda mano”, afirmaba con cierta indignación.
“Aun así ¿entiendes por qué se comportan de esta manera no?” Le pregunto intuyendo que I.K será sensato en su respuesta. “Claro, es normal entre los gorrillas hay mucha gente cabrona, pero nosotros no somos de esos”, aclara.
Quería encontrarme con esa “gente cabrona” a la que I.K hacía referencia, verla trabajar y comprobar si a simple vista se notaban las diferencias entre los gorrillas con los que estaba pasando el día, por lo que el joven ruso me indicó donde trabajaba es gente.
“Hay que ser inteligente, no puedes obligar a nadie a que te dé dinero por ayudarles a aparcar el coche.”

Al llegar a la zona me di cuenta de que en primera instancia todo parecía igual: había dos gorrillas organizando el parking y pidiendo una limosna por su servicio a la gente a la que ayudaban. Por ello comencé a preguntar a algunas de las personas que aparcaron el coche en esa zona durante los 20 minutos que estuve ahí. “No entiendo porque les tengo que pagar cada día por dejar el coche en la puerta de mi casa”, afirmaba una vecina en notable desacuerdo con la situación. “Trabajo por aquí, y si no quiero arriesgarme a encontrarme el coche en mal estado, que por aquí pasa bastante, debo darles aunque sea una cantidad simbólica” contaba uno de los conductores. “No estoy ni a favor ni en contra de que aquí haya gorrillas pero para que estén ganándose la vida de otra forma mejor que estén aquí aparcando coches” opinaba otra de las vecinas.
Las conclusiones que uno saca de esa breve visita a ese descampado que hace a las veces de parking es que, los vecinos no quieren a esos aparcacoches en su barrio. Sin duda esa sensación dista mucho de la que uno tiene al ver la relación que tienen I.K y I.A con vecinas como Concha o con los propios camareros del bar a los que ayudan prácticamente a diario en cualquier tarea que puedan cumplir a cambio de una propina.
Le pregunto a I.A, el más experimentado de mis compañeros de jornada, porqué ellos son tan apreciados en su barrio mientras que la mayoría de gorrillas no son bien recibidos en las calles de Valencia. “Hay que ser inteligente, no puedes obligar a nadie a que te dé dinero por ayudarles a aparcar el coche, por lo que después de dar nuestro servicio pedimos una limosna, si no nos la dan no pasa nada. Además si empiezas a rayar coches y los vecinos te ven como una amenaza es cuando empiezan los problemas con la policía”.
  El Ayuntamiento y su lucha con los gorrillas
El Ayuntamiento de Valencia lleva buscando soluciones para el problema de los gorrillas. En verano de 2011 se comenzó con una nueva iniciativa mediante la cual los condenados a trabajos en beneficio de la comunidad colaborarían con la policía local informando a los conductores y organizando los parkings de unas zonas asignadas. Joan Carles Hernández, técnico de esta sección del ayuntamiento afirma que esta medida indirectamente “ha limpiado nuestras principales calles de gorrillas ilegales” aunque recuerda que su objetivo no es ese sino que los penados “cumplan satisfactoria su condena y presten a la vez unos servicios a la comunidad”.
Afortunadamente para I.K e I.A y sus vecinos estos colaboradores de la policía local no han llegado a su barrio, por lo que ambos gorrillas pueden seguir trabajando de una forma relativamente tranquila y ganarse la vida moneda a moneda.



No hay comentarios:

Publicar un comentario